• ¿Mi hijo tiene autismo?

    By 15 enero, 2019Noticias

    En los últimos años ha aumentado el diagnóstico de Trastornos del Espectro Autista (TEA) en los niños menores de tres años, debido entre otras causas, a la pesquisa temprana por parte de los profesionales del área de la salud que están involucrados con la infancia.

    Vereny Bartsch, Terapeuta Ocupacional de Clínica El Bosque, indica que durante el primer año de vida, el desarrollo de la comunicación se despliega a través de diferentes áreas, no sólo en el lenguaje expresivo y receptivo, sino también en las áreas socioemocional, motora y cognitiva.

    En este sentido, la profesional señala que en los bebés se puede observar que disfrutan la cercanía y compañía de sus padres y/o hermanos. Muchas veces se aburren estando un momento solos, mantienen el contacto ocular y muestran interés por las personas y objetos durante las interacciones sociales, responden de forma recíproca frente a las preguntas con sonrisa social, balbuceos, miradas y expresiones emocionales de distinto tipo. Se encuentran atentos y conectados con su entorno, sin interpretar como amenazas estímulos que no lo son, como sonidos o texturas. Se orientan a las personas que los llaman por su nombre y poco a poco comienzan a imitar gestos y a asociarlos con palabras, como sacudir su mano para decir chao y llevar su mano a la boca para “lanzar un beso”.

    Vereny  Bartsch  agrega que luego de aprender a imitar el movimiento de aplaudir, pueden realizarlo de forma espontánea frente a un logro o el refuerzo positivo de sus padres. Cuando el desarrollo motor ha alcanzado mayor madurez, comienzan a imitar funciones básicas de algunos objetos, como intentar peinarse con una peineta, llevar una cuchara a su boca o beber de un vaso. “Aprenden a asociar gestos con palabras y también a expresarse con frases simples, cómo “Mamá ven”, “Papá dame”. En general, vemos que se esfuerzan por aprender e intentar comunicarse, disfrutan mostrando sus logros y compartiendo intereses con su familia”, explica.

    Sin embargo, no siempre la comunicación en el desarrollo infantil avanza en esta dirección, en los niños que presentan un neurodesarrollo con características del Trastorno del Espectro Autista, vemos diversas manifestaciones clínicas que se caracterizan por el compromiso y alteración en la comunicación y otras áreas, tales como:

    1. Alteraciones en la interacción social recíproca, en donde vemos falta de interés por las interacciones sociales, juego independiente y solitario, no comparte sus intereses y muchas veces no tolera las sugerencias en su juego.
    2. Alteraciones en la comunicación verbal y no verbal, en donde se observa rezago, retraso o retroceso en la aparición del lenguaje, sin balbuceo, indicación o gestos alrededor del año o presencia de un lenguaje peculiar, con repetición de palabras en lugar de entrega de respuestas y dificultades para utilizar el pronombre ”yo”, cuando aparece el lenguaje expresivo.
    3. Presencia de patrones restrictivos, repetitivos y estereotipados de la conducta, que se asocian con rutinas, comportamientos reiterativos e intereses restringidos. El niño o niña puede querer jugar a lo mismo durante largas horas.

    Estas características del desarrollo de los niños con Trastorno del Espectro Autista se mantienen durante toda la vida, con distintos grados de severidad y variación de los síntomas.

    Como está demostrado que con la intervención temprana, especialmente antes de los tres años, sumado a un entorno educativo apropiado se consiguen cambios con mejorías notables, es importante que los padres estén atentos a posibles síntomas que puedan presentar sus niños para consultar con los especialistas de las áreas involucradas,  como neurología y psiquiatría infantil, terapia ocupacional y fonoaudiología de la manera más oportuna posible.

    Los padres son quienes, por lo general, primero observan comportamientos diferentes o detectan la incapacidad para alcanzar los diversos niveles del desarrollo. Cuando se sospecha que un hijo podría padecer autismo, esa intuición casi nunca falla, por lo que es mucho mejor realizar una evaluación con los profesionales del área lo más pronto posible”, explica.

    Por lo anterior, la profesional recalca que siempre se debe estar atentos a los cambios en el carácter habitual del niño, la intensidad y duración de los síntomas y su presencia en los distintos entornos. Asimismo, nos entrega señales de alarma en que podrían indicar que un niño padece autismo:

    • Bajo interés por mirar rostros de las personas
    • Llora todo el tiempo sin aparente razón y le cuesta mucho calmarse
    • Rehúye el contacto físico y demuestra poco interés por interactuar socialmente
    • Mantiene el contacto visual por muy poco tiempo
    • Cuando lo llaman, rara vez reacciona
    • Generalmente no reacciona a los sonidos
    • Emite balbuceos poco claros o escasos.

    Es importante destacar que actualmente no existen medios efectivos para prevenir el autismo, ni tratamientos suficientemente eficaces, por lo que la gran oportunidad para estos niños y niñas es iniciar de forma precoz su intervención.  “Es importante que los padres estén informados y también se formen respecto a cómo actuar ante las respuestas diferentes de sus hijos. Si sabemos cómo actuar ante estas situaciones, aceleraremos el proceso de avances”, concluye la especialista.