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    junio 2019

    Vitiligo: Una enfermedad cutánea con severos efectos asociados

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    Es un trastorno que se caracteriza por la aparición repentina de manchas blancas, que son más perceptibles en personas de piel más oscura, que progresan lentamente y que se ubican con mayor frecuencia en manos, pies, codos, rodillas, cara o pliegues del cuerpo y la zona genital; con el tiempo, incluso, se puede llegar a blanquear la totalidad de la piel. Se trata del vitiligo, también conocida como melancolía, enfermedad autoinmune que afecta tanto a niños como a adultos, siendo más frecuente su aparición entre los 10 y 30 años de edad.

    La dermatóloga de Clínica El Bosque, Leticia Bórquez, indica que este trastorno se origina cuando las células productoras de pigmento (melanocitos) mueren o suspenden la producción de melanina, que es el pigmento que le proporciona color a la piel, el cabello y los ojos. “De esa forma, las manchas de la piel afectada se vuelven más claras o blancas. Aún no se sabe bien a nivel científico por qué estas células no cumplen su función o mueren”, menciona.

    No obstante lo anterior, la profesional agrega que la aparición de vitiligo puede estar asociada a antecedentes familiares o algún hecho puntual como una quemadura de sol, un evento de mucho estrés o la exposición a productos químicos industriales. “Hay investigaciones que señalan que existe una estrecha relación entre vitiligo y estrés o depresión, ya que en muchos casos, los pacientes refieren que el trastorno apareció luego de una preocupación constante o de un acontecimiento como una impresión fuerte”, manifiesta.

    Asimismo, menciona los primeros síntomas de la enfermedad. “Algunos signos de vitiligo son, además de la pérdida de pigmentación irregular en la piel, coloración blanca o gris prematura del cabello en el cuero cabelludo, las pestañas, las cejas o la barba; pérdida de color en los tejidos del interior de la boca y la nariz (membrana mucosa); y pérdida o cambio de color en la capa interior del globo ocular (retina)”, detalla.

    Las personas que sufren este trastorno, indica Leticia Bórquez, tienen riesgos de sufrir algunas patologías asociadas, siendo las principales de ellas angustia social o psicológica, quemaduras de sol y cáncer de piel. “Si bien es complejo saber cómo evolucionará esta enfermedad y aunque en algunos casos las manchas dejan de formarse sin tratamiento, en raras ocasiones, la piel recupera su color”, asegura.

    Por último, la dermatóloga enfatiza que es aconsejable realizar el tratamiento lo antes posible con el objetivo de ayudar a detener o retrasar el proceso de cambio de color y recuperar los melanocitos. El tratamiento consiste en el uso de fototerapia, en casos extensos, y   cremas con corticoides u otras con efecto inmunomodulador cuando las manchas de vitiligo son localizadas y escasas. “Es vital que los pacientes con vitiligo, utilicen cremas con factor solar alto y/o ropa adecuada que cubra las áreas afectadas, ya que su piel está propensa a padecer quemaduras solares, al no tener el pigmento de la piel que los proteja”, dice.

    Si notas que algunas zonas de tu piel, el cabello o los ojos están perdiendo color, no dudes en consultar con nuestros especialistas en dermatología.

     

    Mi papá: Mucho más que “mi amigo”

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    “Los niños son de la mamá y las niñitas del papá” es una popular creencia que viene a nuestra mente cuando nos referimos, por lo general, al vínculo que se genera entre los padres y sus hijos, dependiendo del sexo de ambos.

    Lejos de las frases hechas y ad portas de celebrar este domingo el Día del Padre, es oportuno reflexionar sobre el rol que cumple el progenitor en la crianza de un niño o niña, independiente del sexo del hijo/a.

    “Desde el momento de nacer, el padre cumple una labor fundamental en el desarrollo físico, psicomotor y emocional de un hijo, al igual que la madre.  Sin embargo, en la actualidad, los padres son capaces de involucrarse no sólo en un rol normativo y de establecimiento de lìmites y normas, sino en el cuidado diario del hijo/a, en interacciones de juego, afectivas. Es sabido, que los niños tienen en la primera infancia la capacidad de vincularse estrechamente con un número reducido de figuras afectivas, dentro de las cuales el padre representa una figura privilegiada. Los padres son capaces de brindar seguridad, protección y afecto de igual manera que una madre”, explica la psicóloga de Clínica El Bosque, Melixa Rivera.

    La profesional agrega que se suele considerar al padre como una principal figura de apego secundario, no obstante, cumple un rol clave en el desarrollo de la personalidad de los hijos, brindando flexibilidad, variación y enriquecimiento a la forma en que el niño o niña se relacionará en el futuro con personas de ambos sexos, haciéndole ver que las relaciones no son exclusivas ni excluyentes de otras, en el sentido que la vida se trata de querer a más de una persona a la vez.

    Por otra parte, manifiesta que el padre puede ayudar a los niños a propiciar la diferenciación y tipificación sexual, y aclara el impacto de la figura dependiendo de si se trata de hijo o hija. “Para el hijo, especialmente, su papá es un referente de identidad masculina que toma como referente para ir definiendo su forma de ser, actuar, intereses, y también su identidad sexual. Para las hijas, en tanto, el padre le  proporcionará aspectos como, por ejemplo, saber poner límites en la relación con otros. Además, para las niñas su vínculo con el padre es un factor determinante para la elección de sus parejas y la forma en que se relacionará con su pareja en la adultez”, dice.

    En este contexto, no se puede obviar que hay situaciones en las que, por distintos motivos, el padre es una figura ausente. En estos casos, Melixa Rivera advierte que puede haber una mayor dificultad para lograr un vínculo sano en las relaciones interpersonales, y para adquirir una visión más integral del  mundo. “Que un padre no esté presente, no significa que no exista o que el niño no lo considere. En estos casos, se recomienda que los adultos que rodean al niño destaquen los aspectos positivos de la relación que existió, las similitudes,  y también intentar contar con la presencia de otras figuras adultas masculinas, como tíos o abuelos, que puedan ser significativas para el niño o niña”,

    Finalmente, la psicóloga menciona que si bien un papá debe ser cercano, tener momentos de juego e interacción con el hijo (a), demostrándole afecto y brindándole oportunidades de formar una imagen positiva de sí mismo/a, también es importante que junto a la madre, establezcan límites, encarnando un rol afectivo,  normativo y formativo, en concordancia con los  valores, principios y formas de relacionamiento que desean inculcar a su hijo o hija.

    Sin duda, el amor y afecto de un padre, brinda a un niño o niña en desarrollo, un sentido profundo de valoración, seguridad y autoestima, que lo acompañará de por vida.

    La importancia del apego en el desarrollo infantil

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    A menudo, las palabras “apego” o “vínculo” vienen muy cargadas emocionalmente. Es frecuente que su significado se malinterprete y ciertos malos entendidos relacionados con este concepto pueden generar sentimientos de culpa, inadecuación o inseguridad, al interferir negativamente en el ejercicio de la parentalidad.

    Según explica la Psicóloga de Clínica El Bosque, Leire Fernández, todos los niños/as NECESITAN ser dependientes de un adulto para poder llegar a ser independientes. SI el niño/a es dependiente y tiene sus necesidades atendidas, aprenderá que puede confiar y se sentirá seguro para poder explorar su entorno y, por tanto, aprender y desarrollarse adecuadamente. “El niño que se siente seguro, de manera natural optará por la autonomía. Forzar prematuramente la independencia podría llegar a dañar a los niños, interfiriendo con su seguridad emocional”, explica la profesional.

    La especialista agrega que entre el nacimiento y los tres años de vida hay un periodo sensible en que se desarrolla el vínculo de apego, el cual se divide en 4 fases.

    • Pre-apego: 0-2 meses, donde los recién nacidos no tienen selección en el vínculo.
    • Apego en formación: 2 a 6 meses, donde los bebés empiezan a mostrar preferencias.
    • Apego nítido: 7 a 24 meses, se identifica una selectividad hacia la figura principal de apego (generalmente la madre).
    • Apego corregido por meta: Desde los 24 meses. Los niños soportan periodos más largos de separación.

    La Psicóloga Leire Fernandez, enfatiza que “más que estar 24 horas con el niño y con el niño pegado, lo importante es que cuando el niño tenga una necesidad, ésta sea satisfecha y que éste reciba el mensaje de que es cuidado por otro, que hay otro ahí y que, por tanto, puede estar seguro. Muchas veces escuchamos frases del tipo “este niño está demasiado apegado a mí” y, más que demasiado o demasiado poco apego, es más preciso hablar de apego seguro/ vínculo profundo o apego inseguro o más superficial”.

    Algunas actividades que pueden favorecer la conexión emocional, el disfrute y el apego seguro:

    • La lactancia materna o, en el caso de lactancia artificial, en contacto piel con piel con el bebé.
    • El masaje infantil.
    • El colecho seguro.
    • Hablar con los niños/as, desde que nacen, aceptando y reflejando su estado emocional (“pobrecito, está llorando porque tiene sueño, la mamá lo va a hacer dormir”).
    • Cantar canciones.

    Por último, Fernández explica que “debemos asumir que NO vamos a ser madres perfectas ni padres perfectos. Se puede tener un apego seguro y fallar y equivocarse en el ejercicio de la parentalidad. Debemos ser padres y madres “suficientemente buenos”, es decir, preocupados por nuestros hijos, con ganas de disfrutar, pasarlo bien y dispuestos a aprender y mejorar cada día”.

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